CUANDO EL DIA DE LA MUJER PASA A SER MISÓGINO

CUANDO EL DIA DE LA MUJER PASA A SER MISÓGINO
No es lo mismo festejar lo que ES que reivindicar lo que no fue.

 

 

 

 

En sí mismo, todo festejo es bueno, se supone que es realizado para acrecentar algo bello y que genera buenos sentimientos.

 

Sin embargo en la mayoría de los casos en que se dice "¡Felíz día mujeres!!" el foco está puesto por lo general en una vibración de lucha, de reafirmación con tono agresivo, que en verdad busca compensar una carencia. Dicha carencia, el motivo mismo de la lucha, es la que no encuentro necesaria, porque en verdad yo no la veo, por lo tanto tampoco valido esta forma de proceder. 

Si quieren verlo desde otro lado, pregúntense por el simbolismo de la flor:  el órgano reproductor de la planta que los humanos usamos para decorar, ya sea centros de mesa, ya sea nichos grises en cementerios... ¿Realmente es valioso recibir flores como símbolo de la mujer, en un día que está más teñido de resentimiento que de alegría?

 

Que yo tenga entendido, existe también un día del hombre, que sin embargo pasa desapercibido. ¿Habrá un día del gay? ¿Del bi? ¿Del asexual? Ok, aquí ya estamos hablando de orientaciones, pero para el caso, pienso que sería lo mismo: disfrazar de festejo una lucha cuyas bases me parece importante explorar y tomar con madurez más que con rebeldía adolescente en crisis de identidad.

 

No estoy de acuerdo en esta unión de género que hacen las mujeres para sentirse más fuertes en ... ¿¡UN SÓLO DÍA!?

 

Pienso que si yo fuera mujer y viera el trato energético detrás de estos saludos, en verdad me ofendería. Yo como hombre, y tampoco si fuera mujer, pienso que tengo nada que demostrarle a nadie, yo soy lo que soy. 

 

En medio de tanto discurso aparentemente equitativo sobre igualdad de género, he aquí algunas pautas de claridad.

 

¿Qué es ser mujer? ¿Qué es ser hombre?

 

Se trata simplemente de cualidades femeninas y masculinas que se vinculan a la fertilidad y receptividad por un lado, y a las cualidades proyectivas y estériles por el otro. Esto se basa en primer lugar en el sustento orgánico de pene/vagina, para luego complejizarse cada vez más a las teñiduras sociales, culturales, filosóficas y religiosas.

 

Para la simplificación de este asunto seré conciso y directo, porque en verdad es un tema que de tan hablado ha perdido sentido común y es excusa fácil para disimular todo tipo de psicopatología, bajo algún lema revolucionario y que por supuesto tiene tantos seguidores como gente con la ceguera afín. Espero que lo que escriba sea usado para aclarar no para alimentar más y más la lucha o la guerra o la causa de nadie.

 

Desde el punto de vista gestáltico lo que está en juego es la polaridad existencial que se encuentra presente en todo ser humano referida a lo femenino y a lo masculino. Bueno es recordar que todos los hombres poseen femineidad y todas las mujeres poseen masculinidad.   Que esta cuestión esté mal integrada en algunos, ya sean hombres o mujeres que proyectan este conflicto afuera, es otro asunto.

 

La misoginia (violencia hacia el género femenino) es simplemente el aspecto femenino mal integrado en un bio-varón. Nada más.

 

Y la violencia hacia los hombres es el aspecto masculino mal integrado en las bio-mujeres. Nada más.

 

La violencia de cualquier estilo es un asunto grave perteneciente a la humanidad, no es propiedad de las mujeres ni de los gays ni de los que son víctimas de bullying, etc.

 

En ningún caso la violencia y discriminación está justificada ni es deseable ni justificable; pero tampoco tiene que ver con el SER MUJER como causa primaria. Yo al menos pienso muy diferente al respecto.

 

Que tradicionalmente las mujeres no hayan tenido acceso a determinados roles sociales proviene de su constitución física (menos fuerza que los hombres) de la misma forma en que los hombres no han podido aspirar a la paternidad hasta que la ciencia nos lo ha permitido en el mundo homosexual recién hace pocos años.

 

Pienso que partiendo de una diferencia anatómica ,ésta ha sido tomada para justificar acciones o no acciones que tienen más que ver con la cobardía que con las injusticias. Por favor, no estoy hablando de casos extremos como violaciones terribles totalmente injustificables. Sin embargo también he sido víctima de qué manera muchas mujeres violan mentalmente y a diario la psiquis de sus hijos varones impidiendo su sano desarrollo. No hay víctimas ni victimarios basados en los caracteres sexuales, va por otros lados la cuestión.

 

No es justificable ninguna de las aberraciones que se han cometido con las mujeres en relación a su aspiración a la masculinidad, pero es esa la cuestión, la mutación de la significación cultural de femenino y masculino, no el ser mujer o varón.

 

He encontrado mujeres que estando tan seguras de su ser, jamás han necesitado salir a demostrar nada al igual que hombres que simplemente saben lo que son y cuáles son sus límites.

 

Los ÚNICOS límites que tienen las mujeres como tales, es que no tienen pene y lo ÚNICOS límites que tenemos los hombres es que no tenemos matriz. Punto. No hay más.

 

El resto es posible, adaptable, deseable según cada cual lo desee. Y por supuesto es preciso ponerse en acción para hacer de cada uno la mejor versión de ser humano que ha imaginado de sí mismo.

 

Entiendo las luchas culturales, pero también es cierto que cuando una PERSONA se alinea con sus deseos, no hay nada ni nadie que pueda interponerse. Esto vale ya sea que se trate de la aspiración para ocupar roles tradicionalmente facilitados a hombre o mujeres, ya sea para defender un invento en el cual nadie más que el propio inventor cree, ya sea para llevar un estilo de vida particular, etc.  Para todo se requiere decisión, valentía y responsabilidad. Y por supuesto, y esta es la parte que a nadie le gusta, estar atento a las auto-justificaciones y las complacencias con las partes vagas o inmaduras de la personalidad.

 

Encuentro poco valor, no en el avance de la igualdad de géneros, sino en el componente de resentimiento que suele rodear los discursos y las vidas en general de estos luchadores.

 

Será que trabajando desde la psicología he encontrado que siempre lo de afuera tiene un componente interno que una vez resuelto, abre paso en donde nadie más lo parecía poder cederlo.

 

Será que me he criado con tres mujeres y siempre nos he visto en iguales condiciones a pesar de tener pene.

 

Será que también he visto el sufrimiento masculino que al igual que el de la mujer, existe y es real y muchas veces silencioso y solapado.

 

Será que me he topado con mujeres que sabiendo lo que querían no se han fijado en sus genitales ni han pedido aprobación de nadie para construir sus vidas.

 

Será que algunas de estas mujeres que admiro y tuve la suerte de conocer, nacieron con pene y tuvieron el valor moral de perseguir sus sueños en paz, no en lucha. Será que fui testigo de cómo alcanzaron sus metas sin necesidad de marchar ni quejarse ni echarle la culpa a nadie.

 

Será que creo en el poder de una decisión a la cual uno se alinea. Y también sé que el autoconocimiento es un tema muchas veces evitado por quienes más marchan.  

 

Será que veo la pérdida de potencial de la energía puesta en la queja y la lucha, en lugar de colocarla en la acción productiva. Será que soy consciente que ninguna lucha propaga amor, sino que perpetúa lo que quiere evitar.

 

Será que creo más en el poder de la influencia que en el de los discursos motivadores.

 

Será que he visto a muchas mujeres y hombres usar sus quejas para no hacerse cargo de su existencia.  Y que además soy consciente del tiempo que pasa y que no se recupera.

 

Será que no le encuentro valor a lucha alguna, ya que la única que vale la pena es la que se debate en el interior de la psiquis de cada individuo, en el desafío de integrar sus propias polaridades.

 

Será que como hombre he tenido desafíos terribles relacionados con mi sexualidad y los he resuelto sólo y hoy por hoy me encuentro feliz sin necesidad de un rebaño que me contenga.

 

Será que he enfrentado mis propios demonios internos por lo que no temo al qué dirán y creo que todos pueden hacerlo.

 

Será que cuando escucho los discursos feministas, sigo sin entender desde qué lugar lo hacen y muy pocas veces percibo alegría y convencimiento auténtico en ellos.

 

Será que como gay creo en el poder de la alegría y por lo tanto tampoco participo de marchas del orgullo.

 

Será que no creo en la resignación, aunque sé lo poderosa que puede ser, pero tampoco creo en la pseudo-honestidad del que tanto defiende y defiende algo de lo que tal vez no está convencido en verdad en su interior.

 

Será que al trabajar con los valientes que día a día hacen su trabajo introspectivo terapéutico, he encontrado grandes héroes en el silencio de una sala de espera, que encuentran paz y no buscan reconocimiento alguno más que de ellos mismos. Y lo logran.

 

Será que creo que si uno está bien, eso se contagia y tiene más fuerza que un grito que se apoya en una herida, que muchos se niegan a reconocer y cicatrizar con amor propio.

 

Será que soy un ser humano, y no me defino como hombre, sino que hago con mi biología lo mejor que puedo.

 

Será que si quisiera ser mujer lo haría siguiendo mi propio camino, no pidiendo que me entiendan ni que me apoyen.  

 

Será que admiro las mujeres, tanto como admiro los hombres y en verdad me cuesta entender no lo que piden, sino LA FORMA, el CÓMO LO HACEN.

 

Será que me rebelo a hacer divisiones y seguir perpetuando el castigo al propio género, porque ¡Sí!… Mujeres, cada vez que salen a “defenderse” yo que las veo bien e íntegras, me decepciono de ver como se posicionan en un lugar de “estamos mal”, bajo la careta de “esta es nuestra lucha”.

 

Será que el término lucha me remite a “Mein Kampf” de Adolf Hitler, que jamás leería y que me parece un extracto de psicopatología sin sentido ni valor alguno.

 

Será que sé que cualquier psicopatología y en general cualquier malestar se cura con amor propio, de adentro hacia afuera, trabajando en la confianza propia y encontrando la manera de transformar la realidad de acuerdo al propio deseo.

 

Será que he visto en mi propia experiencia que cuando se trabaja de adentro hacia afuera, cada vez más, hace menos sentido el “luchar” allá afuera.

 

Será que detesto los discursos feministas tanto como los machistas porque simplemente creo en el ser humano en su integridad.

 

Será que estoy en paz con mis aspectos masculinos y femeninos y si no lo estuviere me siento capaz de modificarlos si necesitara.

 

Será que soy yo el que me habilito a cambiar, no la sociedad.

 

Será que a la sociedad la hago yo también. 

 

Concluyendo, pienso que lo que está mal gestionado es el foco que se le da. Es el mismo concepto de recordar más y mejor a los muertos, cuando ya no están, que tener la valentía de aprovechar la oportunidad mientras que estamos con vida. Mucha revolución y poco juicio crítico.

 

Tal vez alguna vez escriba lo que ocurre del otro lado de la balanza, y los dolores ocultos de la masculinidad, pero en verdad estoy más preocupado en transformarlos yo mismo que de organizar marchas y días que me sirvan de escape ideacional. 

 

 

 

Por Germán Peralta Danderfer

Psicólogo Clínico